Boca le ganó a Grêmio en la vuelta de la final de la Copa Libertadores de América por 2-0 para cerrar un global de 5-0 y consagrarse campeón a nivel continental por sexta vez en su historia. Riquelme fue la figura de Boca, quedate Román.

Llegó una nueva final, la 5ta final en los últimos 7 años. Pura esperanza era el pueblo xeneize, el 3-0 de la ida había dejado media Copa adentro pero en frente estaba Gremio y su agresiva torcida dispuestos a dar vuelta la historia. Las palabras abundaron durante la semana, las amenzas de hostilidades de los hinchas de Gremio no cesaron, pero a la hora de mover la pelota, todo desapareció y quedaron once contra once.
Fue entonces cuando la pelota empezó a rodar y decretó el comienzo de la final, basta de hablar y a jugar. Gremio, obligado, intentó tomar la iniciativa con fervor, pero Boca (con llamativos pantalones amarillos) estaba tranquilo y resistía sin sufrir los ataques gaúchos. Gremio tiraba pelotazos largos buscando a Tuta pero no inquietaba, los xeneizes en cambio, triangulaban bien de mitad de cancha hacia adelante y Palermo en un avance tuvo cerca el gol con un cabezazo.
La idea ofensiva de Gremio era muy básica, llegar hasta el fondo con los laterales y mandar centros. El frenesí por atacar les jugaba en contra y tranquilizaba a Boca. Román, pasados los primeros minutos, empezó a tomar contacto con el balón, a darle mimos a la caprichosa. Los volantes de Gremio no le podían sacar la pelota y cometían una infracción tras otra.

El equipo local no le encontraba la vuelta al match, se ahogaba en un vaso de agua. Boca tenía algunos inconvenientes con la marca en la mitad de la cancha, Banega estaba muy solo y cometía demasiadas infracciones, era lo único visiblemente negativo para Boca.
De a ratos Gremio parecía peligroso atacando, pero luego regalaba pelotas para que los chichones luzcan relucientes en las cabezas de Morel (partidazo) y Díaz. Para asombro de los hinchas xeneizes, Schiavi tuvo que reemplazar a Teco lesionado y marcó a Palermo el resto del partido. Una sensación rara fue tener al Flaco como rival.
Terminaba el primer tiempo y el travesaño tembló tras un gran remate de Souza, llamado de atención para Boca, que por suerte no pasó a mayores. Todo el optimismo de la torcida se había esfumado, ni se los escuchaba en el estadio. El partido se fue al descanso con un Boca tranquilo, que estaba haciendo las cosas bien e iba por buen camino.

La segunda parte arrancó y fue la secuela del primer tiempo, pero Gremio tuvo algunas chances un poco más interesantes. Schiavi pegó un cabezazo en el poste derecho de Caranta y todo Boca tembló durante un rato. Pero no pasaba de eso, los brasileños no podía concretar nada de lo que insinuaba y Boca estaba más firme que nunca. Los minutos pasaban y la Copa se iba tiñendo de azul y oro.
Russo le dió aire al mediocampo e hizo ingresar a Battaglia por Cardozo (levantó el nivel). El ingreso de Sebastián se convirtió en un escollo más para los avances de Gremio, que carecían de inteligencia y se repetían constantemente. Boca controlaba el partido, el circuíto futbolístico empezó a aparecer pasados los quince minutos. Los brasileños se chocaban ante sus propias limitaciones y Boca lo aprovechó. Román volvió a resaltar, comenzó a tener el balón de nuevo y a distribuir a su antojo. Mal presagio para Gremio.

El incesante toque de Boca desesperaba a los brasileños, que se veían desbordados ante un equipo con una calidad futbolística superior. Corrían 23 ST cuando tras una jugada colectiva, Ibarra recibió el balón por la derecha, encaró y pasó hacia Román, que desde el vértice derecho del área sacó un remate fabuloso que se clavó junto al palo derecho de Saja. 1-0 para Boca. El grito de gol de Riquelme silenciaba a todo el estadio y llenaba de felicidad el corazón de los xeneizes, que deliraban por él.
Era un momento especial del partido, no había nada para acotar, era solo mirar a Boca y a Riquelme. Instantes para observar con atención a la calidad hecho hombre, a deleitarse con cada caricia a la pelota, a sentirse en el cielo futbolístico por ser del equipo más grande del mundo, del más ganador. Boca era notablemente superior ante un Gremio con el certificado de defunción firmado.

Pero había más para el jolgorio xeneize. A los 35 ST Boca hilvanó una serie de toques y Palacio remató, rebotó Saja y le quedó para el Señor Rey Riquelme, que solamente tuvo que empujar el balón ante un revolcado “Mr 7-1″ Saja. Ni lo gritaron los jugadores, era tal la alegría que bastaba con mirarse a la cara para saber que ya estaba todo hecho, que Boca era campeón.
Nadie se acordará del penal fallado por Martín, pues su entrega y sacrificio tapan cualquier bache técnico del gran goleador. Llegaba el final del encuentro y no había nada más por demostrar, Ruiz a los 45 clavados pitó el final… todo Boca se juntó emocionado en un abrazo interminable, con postales que quedarán en el recuerdo, como el abrazo entre el gran Román y el Titán Martín. Llegó el momento de la tradicional ronda, de los canticos a los escondidos plumíferos, y de verle las caras a ese grupo de valientes que se hizo fuerte en todo el continente y conquistaron nuevamente América.

Luego de la entrega de medallas, Nicolás Leoz le alcanzó la Copa a Palermo, que la alzó en un emocionado grito de gloria, uno más para la rica historia xeneize. Luego vino la vuelta olímpica, que culminó con los jugadores y la hinchada cara a cara, cantando a coro que Boca vuelve a Japón y es nuevamente campeón. La famosa palomita en masa tampoco faltó y quedará como otro de los retratos inolvidables de ésta Copa Libertadores 2007. Atrás quedarán las dudas sobre este equipo y la falta de respeto de algunos rivales, Boca volvió a demostrar que es el mejor de América, que es el mejor del mundo.

Reviví los goles del triunfo de Boca campeón…
Mirá el afiche de Boca Campeón:

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