Tal vez sea algo prematuro el hablar con los resultados puestos de los últimos encuentros, pero los chicos de las inferiores de Boca han demostrado que tienen calidad para pelear por un lugar en el primer equipo.

Cuando un joven rubio entraba en el segundo tiempo del partido con Racing, muchos de los hinchas que siguen los partidos de reserva se pensaban: “Mira si este chico lo da vuelta”. Un tal Ricardo Noir, hasta momento un ignoto para la prensa, tiro al equipo para adelante y con un gol in extremis le dio la victoria a Boca en el clásico frente a la Academia.
Semana de gloria para el jugador. Autobomba en su pueblo, entrevistas a su familia, color de la prensa para llenar titulares, etc. A la semana siguiente, tras haber cerrado el pase a las semifinales de la copa Libertadores, Ischia decidía mantener al equipo alternativo en el torneo local y ahora se debía enfrentar a un Veléz que también luchaba por el campeonato.
Boca jugo un gran primer tiempo, especialmente comandado por jóvenes como Roncaglia, Monzón y Mouche, aunque Boselli no estaba en su tarde y no se podía convertir el gol. Escudero se iluminó y con una sensacional jugada le daba la victoria provisoria a Velez. Pero nuevamente, ese rubio de botines naranjas, entraba y revitalizaba al equipo y uno de sus compañeros de reserva, Lucas Viatri, le tocaba vestirse de heroé para poner el empate cerca del final y rozar una victoria que sonaba a épica, pero que era merecida para el equipo por el desarrollo del partido.
No tuvo tanta mediatización lo del espigado, talvez por la menor trascendencia del encuentro y por el hecho de no haber ganado. Solamente se dejaba en claro una cosa: los chicos de la reserva, que ostenta el primer lugar en esa categoría, estaban dándole puntos importantes al equipo, que se mantenía en la lucha del torneo, sigilosamente.
Y ayer, frente a Arsenal, un mismo planteo, un primer tiempo sin goles a pesar de merecer ganar, el rival que convierte el primer gol y nuevamente, con el ingreso de Noir, un Boca que levanta y aparece por fin, Mauro Boselli, delantero que en todo el año no había convertido un solo gol y ya casi sobre el final de la temporada, se despacha con un “hat-trick”, tres goles, uno mejor que otro.
Siete puntos sobre nueve ha sacado este Boca alternativo, que a pesar de jugar con jugadores con experiencia: Migliore, Maidana, Álvaro, Ledesma, Gracián, se encuentra que son los chicos, especialmente los menos experimentados, los que se encargan de ganar los partidos. Pienso en Monzón y veo que hace tantos años no salía un lateral izquierdo en la Argentina con esa capacidad de ataque y de timing en la defensa, y que pienso que tendría cabida actualmente en la selección nacional (si, no deliro). Lo veo a Noir como contagia a la “hinchada” y al equipo con su presencia y su juego.
Veo que por fin a que a Mauro Boselli se le abre el arco y que Cardozo recupera su nivel de a poco. Observó una defensa central de chicos del club, como ayer lo fue Forlín y Roncaglia, que a pesar de la desatención en el gol de Leguizamón, ofreció seguridad y una salida clara.
Hoy lo escuché a Pedro Pompilio en la Última Palabra. Decía que no se harían incorporaciones inútiles, salvo jugadores diferentes, en una clara apuesta a las inferiores del club: esperemos que cumpla, porque a simple vista, futuro, hay.
Riquelme, en la cuerda floja.
El astro xeneize padece gastroenterocolitis y no pudo entrenar. Viajará a Brasil y allá decidirán si juega de entrada ante Fluminense.